Destructores de Dudas S.A.
Hola a todos y bienvenidos al curso de Certeza y Tranquilidad Serena
que el gabinete para la Simplificación de la Vida, Destructores de
Dudas S.A. ha convocado para todos aquellos clientes vacilantes,
dudosos y un tanto atormentados por algo que no están seguros poder
identificar.
Y para todos aquellos que se levantan un poco espesos y
apesadumbrados por las mañanas.
¿Creen que servirá para algo este curso? ¿Creen que el dinero que han
pagado habrá sido bien empleado?
Yo lo dudo.
Es broma, mis inseguros y dudosos amigos.
Servirá. No porque vayan a aprender nada nuevo, sino que gracias al
estímulo del dinero que les cuesta este curso, no les queda más
remedio que poner atención y escuchar.
Algunos se plantean verdaderas dudas filosóficas: ¿A dónde voy? ¿Qué
sentido tiene esto? ¿Es seda natural esta corbata que he comprado por
tanto dinero?
Empecemos la lección: “¿A dónde vamos?” Es un eufemismo por: “¿Qué
ocurrirá cuando muera?” “¿En qué me convertiré” “¿Cómo será?”.
Se acabó el preguntar semejantes absurdidades cuando las respuestas
están delante de nuestras narices, o mejor dicho, su negación está en
el aire y en todo lugar en el que se encuentran.
Sabemos, sin duda alguna, que la cigüeña no bombardea bebés en las
familias menesterosas, como ocurre en los cuentos.
Ergo… Si no creemos en cuentos:
Díganme, mis queridos vacilantes: de todos los muertos de la historia
del planeta ¿a cuántos han visto tocar el arpa desnudos en un cielo
con nubes de algodón de improbable solidez? ¿Conocen a un amigo que
en otra vida fue otro ser?
—Ignacio, mi primo, en su séptima vida fue cerdo y lleva cuatro
reencarnaciones intentando sacarse la peste de encima.
—Mi gracioso amigo, si vuelve a hacernos reír, ocupará usted la
cátedra. Sin duda alguna, prefiero reír que dudar o trabajar.
—¿Podrían algunos de ustedes enumerar algunas de sus dudas?
—Yo dudo de que todo esto tenga arreglo. Se me va la vida trabajando.
Dudo que algún día pueda salir fuera de casa y ver la cúpula celeste
sin que nadie pase por delante de mí.
—Yo dudo de poder ser feliz.
—Yo dudo de encontrar el amor verdadero.
—Bien, con estas dudas de momento, bastan.
Parece que no somos muy optimistas, mis queridos incertidumbrados. No
es malo dudar, lo malo es el tiempo perdido en reaccionar, en vivir
ante y con la duda.
La duda es como una de esas putas viejas y desdentadas que nos pide
insistentemente que nos vayamos con ella por un poco de dinero.
La duda es un mendigo pesado y apestoso que nos escupe saliva y vino
al pedirnos dinero. ¿Y qué hacemos con ambas? Atención al primo de
Ignacio: no me pregunte si la puta está buena o el mendigo viste de
Armani; que se le escapa la risa y nos empezamos a conocer.
A las dudas, a la incertidumbre, se la ignora. “Ni puto caso a la
guarra” que diríamos coloquialmente.
Vamos, señoras y señores, todos vamos a morir y será inevitable.
Todos nos enamoramos y todos nos frustramos. Deseamos tantas cosas
que hay muchas probabilidades que no consigamos algunas jamás. ¿Y
qué? ¿Se van a quedar quedos y con los ojos tristes mirando el vano
de la puerta por las dudas? ¿Se van a autocensurar un pensamiento
lujurioso o una fantasía romántica por una duda?
Porque no sería lógico que tuvieran miedo al error, los clientes de
Destructores de Dudas S.A. son rigurosamente escogidos, son con
diferencia seres que se equivocan continuamente.
Yo diría, mis queridos dudosos, que se esfuerzan por equivocarse.
Eso cansa un poco, ser consecuente, tener esa valentía en estos
tiempos desgasta mucho.
Es natural que duden.
¿Conocen de alguien que no dude y además sea una persona digna de no
ser decapitada? Descuartizada, sodomizada, lapidada, escupida,
quemada…
Perdonen este arrebato. Cuando pienso en todos esos posibles clientes
que se lanzan a la vida a pesar de las dudas; que con toda su
valentía arremeten con fuerza para seguir viviendo a pesar de todas
las dudas, no puedo evitar pensar en esos otros que no dudan porque
simplemente no piensan y agotan recursos del planeta que otros
necesitamos.
Nos moriremos, y si no fuera porque aún nos quedan varias sesiones,
me levantaba la tapa de los sesos ante ustedes para que vieran que no
seré nada, no sentirán mi alma rozando su ánimo.
Dejaré de existir como dejan de existir los animales y las plantas.
¿Por qué tanto esfuerzo por salir adelante, por seguir trabajando y
buscando amor y felicidad? Porque nos han parido en este momento y en
este lugar, si no entráramos en el juego, si no disimuláramos la
desgana de seguir las normas y obligaciones impuestas, nuestra vida
no sería viable. Nos destruirían.
No, hay ninguna retribución al final. Esta vida es sólo el invento de
unos hombres con más suerte que nosotros para dominar a muchos.
El trabajo no hace libre a nadie y una vida de sacrificios es una
vida desgraciada y sin premio.
Nos reímos de seres que han dedicado su vida a una empresa, que han
hecho daño a otros por mantenerse en su puesto de trabajo. ¿Están
seguros de que no haber sonreído con malicia cuando se han enterado
de que han muerto a los pocos meses de jubilarse?
—El cabrón de mi encargado al jubilarse se preguntaba lo que haría
después de tantos años trabajando. Y a los pocos meses se murió. Me
reí mucho con mi primo el cerdo, digo Ignacio.
—No sé porque, pero me imaginaba algo así, yo creo que usted viene a
darnos lecciones a nosotros, me quiere quitar mi trabajo, gracioso
dudoso.
No duden un instante, lo único que quedará de nosotros al morir,
serán las emociones que un día creamos en quien nos conoció; quien
nos amó u odió.
Somos organismos cuyo mensaje primordial y genético es vivir. No hay
razón alguna para vivir más que todo ese montón de células que somos.
Cada una desea beber la vida con todas sus membranas celulares. No
hay misterio, no hay una misión y el destino es un azar salpicado de
algunas consecuencias.
Pongamos que se puede interferir en el azar, aún así, no podemos
controlarlo. Un día, puede que una de sus células decida mutar,
hacerse mala y cree el principio de un cáncer. ¿Es ésta vuestra duda?
¿Y de qué sirve planteársela?
La duda no es si tendremos un día un sarcoma, la duda es cuanto
tiempo duraremos y eso no nos debe detener y mucho menos en esa
situación, no hay tiempo que perder.
La duda mata las células las aprisiona, las detiene e inmoviliza
frente a un tren que se acerca a toda velocidad. La duda es el veneno
de este mundo, es la herramienta con la cual cuestionan nuestra
libertad unos cuantos avariciosos y envidiosos afortunados.
Ellos no sienten dudas, sólo tienen miedo de perder el monopolio del
poder y con ello, de crear dudas y ser ellos las respuestas. Por eso
son como perros husmeando genitales y anos.
No son precisamente buenas personas los ministros religiosos ni
políticos.
Los jueces son mortales para la justicia.
No sigan con las dudas, no intenten responderlas, simplemente, hagan
lo que desean y dentro de lo que desean, lo que puedan. Lo que les de
tiempo.
Sin prisas, porque no siempre sabrán cuándo morirán y no vale la pena
correr demasiado y perderse los pequeños y tan escasos bellos
detalles con los que la vida nos obsequia.
Sus parejas serán infieles; un día deberán separarse porque no se
aman; cansados de verse la cara cada día.
Es algo que pude suceder; preguntarse cuando, es darlo por hecho. Y
las dudas son sólo eso: incertidumbres. Miedos.
Que no os engañen, la valentía es una virtud, el conformismo y la
integración social (pensar que esta sociedad es buena y merece la
pena respetarla) es esclavitud. El valiente camina, el que intenta
responder preguntas y buscar turbios sentidos a lo que le acontece,
simplemente se queda atrás con una ¿sabiduría? que no tiene
aplicación, que sólo descubre lo poco que ha sido y el tiempo perdido
en tales reflexiones.
La vida es única e irrepetible.
No podemos dominar nuestra subconsciente durante el sueño, y eso que
somos ella: la mente. ¿Cómo vamos a poder prever lo que otro cerebro
piensa?
No duden, mis queridos vacilantes. Sé que son valientes, sé que
seguirán equivocándose. Que no tendrán paciencia para contestar mil
preguntas que les llevaría directamente a la vejez sin haber
disfrutado del momento. Nadie se llevará su pisazo después de más de
media vida de malvivir pagándolo. Ni nadie conducirá su propio cuerpo
muerto con su gran cochazo.
Todo es tan simple…
¿Es ese el problema, mis queridos dudosos? ¿No se pueden creer que
todo lo que son y lo que piensan, dejará de existir?
Animo, mis aguerridos dudosos, estamos vivos, no hay que pensar en el
fin, pensar en el fin, es hacerlo más cercano.
Hay dos clases de seres: los que cumplen un deseo y tiran las cenizas
de un amigo al mar; y los malos, los hipócritas, los que dicen que
cumplir ese deseo es contaminante y va contra la ley. Ustedes tiran
las cenizas, lo sé porque así figura en los test que realizaron para
poder ser admitidos en este curso. Y alguien llorará cuando muráis;
pero cuando muera el que llevará las cenizas a una planta de
reciclaje, se oirán risas y aplausos. Y tomarán unas copas con
Ignacio, el amigo de nuestro colega.
Que las dudas no les detengan, un error no se paga toda la vida, es
mentira. Sólo los envidiosos intentarán hacer pagar un error. Y a los
envidiosos, se les puede pegar, escupir, insultar, arrancar los ojos
e incluso castrarlos.
La única duda retórica que tenemos que plantearnos con una ácida
sonrisa en la boca, es cuál será el próximo envidioso con el que nos
cruzaremos.
No duden, sólo hay envidiosos y seres abyectos y hambrientos de
poder, jueces y políticos que sólo desean alimentarse de su trabajo.
Todo lo hacen bien, mis queridos vacilantes. Ustedes, sólo se
equivocan.
Y es normal que sientan esa tristeza al despertar, la sensación de
que el día que empieza es desesperantemente igual que el anterior. Es
culpa de ellos, de los que mantienen la infección en el mundo.
No lo duden, es normal que sientan repugnancia a las fiestas
multitudinarias donde el roce de los cuerpos es irritante. Son
ustedes únicos y necesitan su espacio. No duden ni por un momento de
que la multitud es otro insulto, una violación de su espacio. La
multitud es ese hipócrita cobarde que no lanzaría las cenizas de su
amigo al mar. La multitud es esa masa viscosa que porta infecciones y
pudre nuestro ánimo. Así que mis dudosos valientes, no duden ni por
un momento que se morirán y no serán nada. No duden que todo esto es
un gran fraude para que otros vivan de su trabajo.
No hay dioses, ni hay designios divinos. Es todo tan simple que las
dudas son simplemente una broma pesada, una burla.
Así que mañana, cuando vuelvan al trabajo y como en una pesadilla
vean que todo es igual a lo que ha sido hoy, no duden, simplemente
asientan y todas esas dudas dejarán de minar el ánimo. Cambiarán las
dudas por una ira serena, por un odio medido.
Por un desprecio a todo que les hará sentirse únicos.
Es mejor el descontento que el conformismo borreguil. ¿No les parece
más digno?
Un cigarro cuando les apetezca, un café para descansar, unos segundos
para no hacer nada a lo largo de todo el día de trabajo no puede
hacer daño.
Tampoco hará daño ser infiel, cuando todo es tan monótono que el amor
se ha convertido en una camaradería. Busquen amantes si así lo
desean. No irán al infierno y como mucho, si se entera su pareja,
habrá un divorcio o se romperá la relación ¿Y qué?
¿Y si no hay amor? Tampoco pasará nada, el amor, al igual que la
felicidad es un espejismo provocado por un instante de euforia. El
amor nos hace únicos; pero nacimos únicos. Los espejismos pueden ser
hermosos, pero siempre acaban disfrazando la realidad.
Y nosotros ya somos adultos, mujeres y hombres que ya no tienen nada
que aprender, tan sólo observar.
Se puede vivir sin amor, pero no se puede vivir con tantas dudas
haciéndonos perder el tiempo.
No hay un camino y no puede haber duda ante la puerta cerrada. Hay
que abrirla; porque si las dudas nos dejan al otro lado, seremos unos
tristes y anodinos cadáveres que ninguna emoción habremos grabado en
otros seres.
Y creo que ya hay bastante por hoy, dudo de que os haya convencido.
Así que podéis pasar por recepción y pagar otra clase más. ¡Ja!
—¿Puedo inscribir a mi primo Ignacio el ex-cerdo. Es que está un poco
atormentado porque no sabe que será en la próxima vida. El cree que
será ornitorrinco y claro, está mustio y deprimido.
—Me encantará intentar destruir las dudas de tan extraño marsupial.
Y recuerden: mañana al despertar, no se pregunten si el día será tan
asquerosamente igual que ayer, simplemente afírmenlo. Orinen con una
suave retahíla de imprecaciones y blasfemias por su mala suerte.
Me gusta la imagen sensual y fetichista de una mujer orinando con las
bragas en los tobillos y soltando algunos tacos.
Si les dijera que podría ser un gran día, les mentiría, y esto no es
una secta.
Nosotros tan sólo destruimos dudas y los queremos valientes.
Lleven consigo una libreta y un boli, pero no una pda, no es
pasional. Y en un instante de descanso o simplemente porque se les ha
ocurrido, escriban su epitafio. Imaginen que hoy mueren ¿Qué le
quieren decir al mundo antes de morir?
Y como alguien escriba una duda en su epitafio, no obtendrá su
diploma de Destructor de Dudas.
Un beso y un abrazo a todos mis queridos decididos, yo me voy a casa
a ver si pillo a mi mujer poniéndome los cuernos.
¿Y si mañana me despiden?
Es broma.
Un ornitorrinco…
La próxima clase será dura.
Iconoclasta
Tags: cachondeo, dudas, envidia, existencialismo, hipocresía, Humor, Oratoria, Paranoias, Prosa

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Tengo una duda, ¿cuál es el costo de este curso???