Un infinito, dos infinitos, tres infinitos, …
Comparto con todos ustedes un extraño video que he encontrado en internet. Es un video que muestra al actor y director italiano Carmelo Bene recitando tenebrosamente mi poema favorito, y quizás el más querido y recordado por todos, del poeta italiano Giacomo Leopardi (Marche, Italia. 1798-1837): “L’infinito”, “El infinito” en español. Espero alguna otra vez poder ordenarme y escribir sobre lo que he sabido de Leopardi.
El infinito es algo que ha crecido mucho como tema, siempre fascina. Yo mismo, cuando niño tuve mis primeras nociones cuando me hablaron de la sal disuelta en el mar, la arena dispersa por el mundo (mi madre, recuerdo), y ya luego de átomos, matemáticas, estrellas y tiempo. No recuerdo haber pensando los infinitos que deberían haberme sido naturales antes de haber escuchado de estos otros que enumeraba, tan fuera de mi escala humana. Y no está mal, es el infinito que nos toca y que disfrutamos, pero pasó alguna vez que buscando más de esos infinitos me encontré con el infinito impoluto de Leopardi. Es, pienso yo, el primer infinito natural fuera de uno. Les dejo aquí el fantasmal video con la recitación de Carmelo Bene, el texto original de Leopardi, y la traducción de Carlos López S (muchas traducciones hay, esta es la que siento más acertada).
Sempre caro mi fu quest’ermo colle,
E questa siepe, che da tanta parte
Dell’ultimo orizzonte il guardo esclude.
Ma sedendo e mirando, interminati
Spazi di là da quella, e sovrumani
Silenzi, e profondissima quiete
Io nel pensier mi fingo; ove per poco
Il cor non si spaura. E come il vento
Odo stormir tra queste piante, io quello
Infinito silenzio a questa voce
Vo comparando: e mi sovvien l’eterno,
E le morte stagioni, e la presente
E viva, e il suon di lei. Così tra questa
Immensità s’annega il pensier mio:
E il naufragar m’è dolce in questo mare.
Siempre querido me fue este yermo cerro
y este cerco que tanta parte
a la mirada excluye del último horizonte.
Mas, sentado y mirando interminables
espacios de allá lejos, sobrehumanos
silencios y su hondísima quietud,
me quedo enmimismado hasta que casi
el corazón no teme. Y como el viento
cuyo tráfago escucho entre las hojas, a este
silencio sin fin esta voz
voy comparando, y pienso en lo eterno
y en las muertas estaciones y en la viva presente,
y sus sonidos. Así a través de esta
inmensidad se anega el pensamiento mío;
y naufragar en este mar me es dulce.


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