T.S. Eliot como recitador
Hay un tema que pensé en colocar en este sitio en el momento de comenzar a escribir aquí hace algunos meses, pero ocurría que su deformidad, aleatoriedad y condición de etéreo me hacía decidir cada vez por otras opciones más concretas. Pero justo hoy ha dado el día en que lo deforme, lo aleatorio y lo etéreo se escapa libre. No es un drama ni un gran cambio, es un leve desliz milimétrico de una tarde agotada… Ya me estaba cayendo del tema, que es, sin más rodeos, cómo recita el bueno de T.S. Eliot. Nuestro amigo Thomas Stearns Eliot (1888-1956, inglés, pero americano de nacimiento) es muy querido en Estados Unidos y en Inglaterra; sus poemas más oscuros son recitados de memoria a toda velocidad por niños habilidosos en miles de escuelas. Eliot mismo, como recitador, es el tema de este artículo. Una vez, hace algunos años, escuché una opinión que decía que Eliot era el mejor recitador jamas registrado en una grabación. Sólo una opinión. Volví a escuchar otra vez la misma en otro lugar y busqué algún registro para salir de la curiosidad. Lo que les voy a mostrar a continuación es una grabación de su poema más famoso, La Tierra Baldía (en inglés se llama The Waste Land, que tiene un campo un poco más amplio), del que se ha dicho muchas veces que es uno de los poemas más influyentes del siglo XX. En la grabación quien lee es, por supuesto, el mismo Eliot.
Lo que quiero compartir es la grabación misma, pero también dejaré una traducción de un trozo del poema. He buscado varias traducciones del poema pero no me ha gustado ninguna de las que he encontrado porque están dedicadas a preservar la métrica y la sonoridad (cosas que no gozo tanto, les confieso), y para hacerlo sacrifican un juego que realiza el autor separando sentencias con verbos en gerundio que ligan versos contiguos. Vean, consideren, no hay resultado final, simplemente va, va el video.
Abril es el más cruel de los meses, criando
Lilas de la tierra muerta, mezclando
Memorias y deseos, revolviendo
Raíces sosas con lluvia de primavera.
El invierno nos mantuvo tibios, cubriendo
La tierra en nieve olvidadiza, alimentando
Un vida pequeña con tubérculos secos.
El verano nos sorprendió, viniendo sobre el Stranbergersee
Con una garúa de agua; nos detuvimos en el columnado,
Y seguimos por la luz del día, en el Hofgarten,
Y bebimos café, Y hablamos una hora.


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