Babi Yar

En junio del año 1941 los Nazis comenzaron la invasión a la Unión Soviética, y el 19 septiembre de ese año tomaron Kiev, capital de Ucrania. El 19 de septiembre, en respuesta a los persistentes ataques de guerrilla contra las tropas alemanas, el gobernador de la ciudad de Kiev, el mayor general Friedrich-Georg Eberhardt, ideó un gesto represalia. El 26 de septiembre apareció en los postes un bando que leía:
Judíos de la ciudad de Kiev y alrededores! El lunes 29 de septiembre deberán presentarse a las 8:00 am con sus posesiones, dinero, documentos, valores y ropa de abrigo en la calle Dorogositskaya, junto al cementerio judío. El incumplimiento de este mandato será castigado con la muerte.
A la hora señalada del día dictado llegaron 33.000 judíos con sus muebles, maletas, baúles, carpetas y abrigos. Agentes de la SS les ordenaron desnudarse y los encaminaron a un barranco llamado Babi Yar al final de la calle del encuentro. En ese barranco los acribillaron, y nunca murieron tantos judíos juntos de una sola vez en toda la guerra.
En la Unión Soviética nunca fueron muy queridos los judíos; en los libros de historia posteriores a la segunda guerra se leía que los campos de concentración alemanes albergaban prisioneros soviéticos y aliados. Aprovechando el deshielo de Krushchev el poeta Yevgueni Yevtushenko escribió su poema más famoso, que se llamó Babi Yar. Yevtushenko no era judío, pero era de los pocos que se atrevían a la empatía en la era de las denuncias. En la familia de su padre tenía bisabuelos fusilados por tramar el asesinato del Zar Alejando II, y por el lado de su madre heredó las vejaciones que estaban destinadas a los rusos de ascendencia tártara; ciudadanos campechanos y brutos, ignorantes mongoloides venidos de los rincones del imperio. Así es que por empatía y quizás por temeridad el poeta Yevtushenko escribió Babi Yar y alumbró el barranco para la consideración.
El año 1961 se publicó el poema Babi Yar. El año 1962 ya estaba bajo el escrutinio de la censura cuando Shostakovich decide hacer del poema una sinfonía, la 13ra. Cómo entender los motivos de Shostakovich. La figura de Shostakovich es la más enigmática del periodo soviético para mí; tantas veces he escuchado su música; de verdad la amo, me infunde ideas y carga con el peso de la trascendencia y de la historia. Revolucionario militante, creyente fervoroso de la victoria de su madre Rusia, desencantado, conciliador, artista provocador, funcionario discreto, héroe, valiente y cobarde, amado y odiado por sus compatriotas. Con la vida ya ganada y aun en vista de la condena en gesta se decide a escribir una sinfonía para el poema, la 13ra sinfonía Shostakovich, Babi Yar. Qué le ocurrió? Qué lo invitó? La prensa oficial lo denostaba: compositor de salón, moralista, madame. Nuestro amigo respondía:
No entiendo a qué llaman moralista. La moralidad es la gemela de la conciencia. Y es porque Yevtushenko escribe sobre conciencia que Dios le otorga sus dones. Cada mañana, en vez de rezar mis plegarias, leo - más bien recito de memoria - los poemas de Yevtushenko. Babi Yar es conciencia, y yo no quiero ser privado de la conciencia, pues perderla es perderme.
Shostakovich, el fantasma ambiguo e intocable del aparato soviético, no fue apresado, pero el día del estreno de la sinfonía agentes del partido ingresaron al teatro y desmantelaron los micrófonos y las cámaras de televisión. Los miembros del coro, razonablemente aterrados, comenzaron a arroparse sobre el escenario; se iban. La audiencia reunida comenzaba a ponerse de pie para huir discretamente. Miraban los temerosos la butaca contigua esperando encontrar absolutos desconocidos. Todo estaba arruinado cuando el poeta Yevtushenko ahí presente dio un sentido pero lento sermón en voz baja a los espectadores y al coro. Aun quedaban personas de pie cuando comenzó el primer movimiento, y al terminar éste se escucharon algunos aplausos tímidos. Sufrieron los músicos y los oyentes toda la sinfonía hasta el último, el 5to y más precioso movimiento…
…el pedal bajo de un órgano mantiene un Si bemol, mientras dos flautas abren con un dueto pastoral que produce musicalmente el efecto que acompaña al primer rayo de sol que cruza una nube de tormentos.
El escultor Neizvestny recuerda de ese día:
Fue apoteósico. Todos supimos que algo increíble había sucedido; no hubieron aplausos al terminar, sólo una extraña y muy larga pausa. Tan larga fue que pensé primero en una conspiración, miré a mi alrededor buscando miembros del partido pero sólo vi compatriotas orgullosos. Tras un silencio majestuoso y digno todos rompimos en llantos y palmas, y muchos valientes gritaron “Bravo!”
Al comenzar el último movimiento de la 13ra sinfonía siento también yo mismo un rayo, y todo se mueve buscando un llanto, una alegría, un Hurra! y las caras de la gente que también lo sabe. Sigue el 5to movimiento y un extracto del poema de Yevtushenko.
No existe monumento en Babi Yar;
sólo la agria ladera. Y tengo miedo.
Hoy me siento un judío en el desierto
que de Egipto escapó. Me crucifican
y mis manos conservan los estigmas.
Me parece ser Dreyfus, condenado,
al que juzgan, escupen, encarcelan;
pero de pie resiste la calumnia
y el grito filisteo. Con la punta
de sus sombrillas en mi rostro vejan
mi indefensión mujeres que se acercan
con vestidos de encaje de Bruselas.
O también soy un niño en Bielostok.
De pronto estalla el pogromo.
La sangre derramada cubre el suelo.
Los que huelen a vodka y a cebolla
salen de la taberna y gritan todos:
“Mata judíos: salvarás a Rusia”.
Un tendero se ensaña con mi madre.
Otro hombre me patea. En vano rezo
plegarias que se pierden en la nada.
Me siento dentro
de la piel de Anna Frank que es transparente
como un ramo de abril.
No hacen falta palabras. Siento amor
y sólo necesito que uno a otra
nos miremos de frente.
Separados del cielo y el follaje.
Solamente podemos abrazarnos
en este cuarto a oscuras.
Quiero besarte una vez más, acércate.
Ya vienen. Nada temas: el rumor
es de la primavera que se anuncia
y del témpano roto en el deshielo.
Y en torno a Babi Yar suena la hierba
que ha crecido salvaje desde entonces.
Los árboles nos juzgan. Todo grita
pero el grito está hecho de silencio.
Al descubrirme observo mi cabello.
También ha encanecido. También grito
por los miles de muertos inocentes
masacrados aquí. En cada anciano
y en cada niño al que mataron muero.
Pueblo ruso, mi pueblo: te conozco.
Tú no odias ni razas ni naciones.
Manos viles trataron de infamarte
al usurpar tu nombre y al llamarse
“Unión del Pueblo Ruso”. No perdono.
Que La Internacional llene los aires
cuando el último
antisemita yazga bajo la tierra.
No soy judío. Como si lo fuera,
me odian todos aquéllos.
Por su odio
soy y seré un verdadero ruso.


Blog compatible con Dispositivos Móviles.
Comentaristas más activos