Tímido (final)
Apunté la enfermedad de Susi como un hecho extraordinario y agradable en mi diario, algo feliz. No se había marchado, simplemente estaba enferma.
Y por fin, hace tres meses, la volví a encontrar en la panadería. Un poco más delgada, el pelo recogido y los hombros imperceptiblemente caídos, no mantenía los pechos erguidos. Usaba gafas de sol y no pude apreciar sus hermosos ojos azules.
Saltaba a la vista que había pasado un mal trago.
-¿Cómo te encuentras? Rosa me explicó que has estado enferma.
Me miró a través de sus gafas, muy seria. Me reconoció e intentó esbozar una sonrisa.
-Diabetes. Ahora ya me encuentro estable; controlo el azúcar cada 6 horas y me tengo que inyectar insulina. Es horroroso.
-Lo lamento, pero lo importante es que se te ve bien. Que te estás recuperando. Me he alegrado de verte de nuevo.
-Gracias.-y se giró para pedirle a Rosa lo que quería comprar.
Cuando Susi salió, Rosa atendió a un viejo y una niña.
-Se está quedando ciega, pobre chica. Apenas ve ya. Me ha dicho que en pocos meses perderá lo que le queda de visión.-me explicó en susurros cuando me tocó el turno.
-¡Qué mierda! ¡Qué putada!
-Qué le vamos a hacer… ¿Qué quieres, Andrés?
Han pasado los meses y Susi está ciega. Ahora observo el bamboleo de sus pechos sin ningún pudor.
Durante unas semanas, su madre la guiaba y acompañaba.
De repente un día la vi sola, caminaba moviendo su bastón con pasos cortos y cautos. Muy concentrada.
Había recuperado su figura y se había recortado el pelo. Estaba hermosa.
Escribí en mi diario como un hecho extraordinario y agradable: “Gracias a Dios, se ha quedado ciega. Susi no me avergonzará con sus hermosos ojos mirando directamente a los míos.”
Mañana hablaré con ella, la invitaré a un café y le diré lo que siento, lo enamorado que estoy de ella desde hace años, sin que su mirada me haga bajar la cabeza. Sin que me arda la cara.
—————————————————-
Susi no ha accedido a que la invite a tomar algo en el café. Me ha apremiado para que le hablara en la misma calle, en la misma avenida donde la he encontrado. Rodeados de gente que anda, que nos sortea o nos mira con curiosidad. El sol me deslumbraba cuando miraba sus ocultos ojos tras las gafas. Y sudaba copiosamente.
Cuando ha entendido lo que le estaba confesando, no me ha dejado acabar de hablar. Me ha hecho ver que es ciega y que aún no lo ha asimilado. Me ha llamado estúpido y aprovechado en un arranque de cólera que jamás hubiera imaginado. Algún viejo imbécil ha detenido su camino para escuchar la conversación. Las palabras airadas y casi gritadas de Susi.
No he sido capaz de abrir la boca para excusarme. Y tras llamarme capullo, ha seguido su camino golpeando nerviosamente el suelo con su bastón.
He apuntado este hecho por ser trascendente porque de agradable no tiene nada.
———————————————-
No pude dormir en una semana, sus palabras y su enojo no se me quitaban de la cabeza.
Sigo enamorado. Volveré a intentar hablar con ella, pero he de esperar el momento adecuado. Aunque pasen otros cinco años.
Ahora mi esperanza se centra en que si Dios quiere, a Susi se le desarrolle un cáncer de laringe.
Que le deban extirpar la laringe y las cuerdas vocales para que se quede muda.
Cuando no pueda hablar, le susurraré mi amor al oído al cruzarme con ella. Le haré mis confidencias de amor inquebrantable.
Y no podrá avergonzarme con sus palabras, sus hermosos y carnosos labios no emitirán más que sonidos desagradables que estoy seguro de que ella no querrá emitir.
No sentiré arder todo mi cuerpo con un rubor crematorio.
No perderé la pequeña esperanza de abrazarla. De que se quede muda; aunque pasen diez años más.
Mi amor es tranquilo y sereno, conozco mis limitaciones.
Iconoclasta
Tags: amor, Amor cabrón, envidia, iconoclasta, literatura, locura, maldad, Paranoia, relato, soledad, timidez

Blog compatible con Dispositivos Móviles.
Comentaristas más activos