Sherlock Holmes: Un caso de identidad

Las aventuras del famoso detective creado por Arthur Conan Doyle resultan siempre muy atractivas, sobretodo que siendo un hombre inteligente y muy cerebral por momentos se inmiscuye por pura solidaridad en algunos casos no tan acordes a su experiencia detectivesca de alto nivel. Y es que en “Un caso de identidad” el querido señor Holmes se involucra en una trama doméstica en donde es explotada una triste y ansiosa mujer Mary Sutherland.
La señorita Sutherland es una oficinista aburrida, regordeta, de corta vista, poco carácter y demás cosillas que no le permiten hacerse de un novio y cumplir su sueño mayor, casarse. Vive con su madre casada con un hombre más joven de los que ignora han armado un complot para tenerla a su lado y timarle los beneficios económicos que recibe de su tio. Mary ha empezado a sospechar de un novio que recién ha conocido, que no le ha rebelado del todo su identidad, desaparece el día de la boda y se ignora dónde ha ido. Sherlock se verá entonces en medio de una trama que a la vez que le permite aplicar su talento investigativo le conmueve por la situación de la pobre Mary a la que deberá revelar algo poco agradable.
La madre se ha aliado con su marido, para que éste fingiéndose ser otro hombre, mientras engañan a Mary con que el padrastro está de viaje, enamoré a Mary y le haga jurar que le será infiel por siempre, dejandola luego abandonada. El fin es mantener a la señorita Mary cautiva del amor de su desconocido novio y así aquel y la madre aprovecharse de las rentas de la triste Mary. Algo que el ingenio de Sherlock impedirá.
Sir Arthur Conan Doyle (1859-1930) graduado de la Universidad de Edimburgo como oftalmólogo pronto se dedicó a la escritura, cuando los pacientes faltaban en su consultorio. Y aunque escribió numerosas novelas históricas, su éxito mejor y su fama duradera llegó de la mano de su personaje de Sherlock Holmes que junto a Watson le dieron grandes alegrías. Como sucede con muchas privilegiadas plumas de la literatura en vida no recibió reconocimiento alguno para su obra y póstumamente fue nombrado caballero del Imperio Británico.
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