Poesía para San Valentín
El amor es el motor del mundo. Ya seamos más platónicos y lo consideremos un deseo innato de belleza que nos señala el camino a la perfección, o más pragmáticos y nos veamos como un conjunto de genes y hormonas que buscan perpetuarse, lo cierto es que casi todos hemos hecho alguna vez eso que llamamos una “locura por amor”.
Durante mucho tiempo tuve colgada en mi corcho una cita que sin estar segura, me parece recordar que pertenece a Antonio Gala. La cita decía algo así como que todos los poemas de amor son, por definición, ridículos, pero que al final, el único ser humano que resulta ridículo, es aquél que nunca ha escrito un poema de amor.
El amor es un sentimiento universal y atemporal, los humanos lo experimentamos con igual fuerza en todas las etapas de la vida y en todos los rincones del planeta. Eso lo saben bien fabricantes y vendedores de perfumes y corbatas que cada año nos recuerdan que el 14 de febrero toca acoquinar para demostrarle nuestros sentimientos a nuestra media naranja. Sin embargo, el amor tiene mucho más que ver con la emoción, la pasión, el sentimiento, en una palabra con la poesía, que con el vil metal.
Por todo esto he decidido ofreceros una pequeña lista de poetas en lengua castellana que han abordado el tema del amor desde muy distintas perspectivas. Aunque prácticamente todos los autores han tocado alguna vez en su obra tan universal tema, algunos de ellos han llegado a ganarse el título de “poeta del amor” por distintos motivos. Hagamos un repaso por ellos:
EL ARCIPRESTE DE HITA: EL AMOR CARNAL
El Libro del Buen Amor, escrito por Juan Ruiz el Arcipreste de Hita hacia 1330, está configurado por una serie de poemas que van narrando las aventuras de un protagonista álter-ego del arcipreste. La gracia de este libro reside en que a pesar de intercalar imágenes y temas aparentemente religiosos dada la profesión del autor, una lectura rigurosa del texto nos desvela sin lugar a dudas lo que el arcipreste piensa realmente de las relaciones amorosas, ofreciéndonos un punto de vista vital, carnal, sexual e incluso “cachondón”, inesperado para la época y la condición social del poeta.
El fragmento que sigue pertenece a la parte en que el protagonista camina por la sierra y se encuentra a una serrana, mujeres rurales que vivían en cuevas al igual que las míticas moras encantadas pero con un toque mucho más terruñero y salvaje.
“Pasando una mañana
el puerto de Malangosto
salteóme una serrana
a la llegada del rostro…”
La serrana le dice que para darle abrigo y cobijo debe prometerle “algo”:
“A la he, dice, escudero
aquí estaré yo quieta
hasta que algo me prometas;
por mucho que te arremetas
no pasarás la vereda”
Así que el protagonista le promete vino y ropa, y ella…
“Tomóme recio por la mano,
en su pescuezo me puso
como a zurrón liviano
y llevóme la cuesta ayuso”
La serrana lleva al protagonista a su cueva y le da de comer y beber y le deja calentarse al fuego.
“Desde que fui un poco estando
fuíme desatiriciendo,
como me iba calentando
así me iba sonriendo;
oteóme la pastora,
dice: ya compañón, ahora
creo que voy entendiendo.
La vaqueriza traviesa
dice: Luchemos un rato,
levántate ahora apriesa,
desenvuélvete de ese hato.
Por la muñeca me priso,
tuve que hacer cuanto quiso,
creo que fui bien barato”
SAN JUAN DE LA CRUZ: EL EROTISMO MÍSTICO
La experiencia mística busca la placentera fusión del alma del individuo con Dios. El poema paradigmático en literatura castellana que expresa esta tendencia es el “Cántico” de San Juan de la Cruz, escrito algo antes del año 1600. El él, el alma del individuo se traduce por la esposa y Dios por el esposo. El alma busca a Dios para fundirse con él, dando lugar a escenas de erotismo místico, donde el gozo espiritual y el sexual se confunden. A continuación, algunas estrofas del “Cántico”:
“En la interior bodega
de mi amado bebí, y cuando salía,
por toda esta vega
ya cosa no sabía,
y el ganado perdí que perseguía”
“Allí me dio su pecho,
allí me enseñó ciencia muy sabrosa,
y yo le di de hecho
a mí, sin dejar cosa,
allí le prometí de ser su esposa”
GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER: SENCILLEZ DE LOS PRIMEROS AMORES
No sería justa si no advirtiese que Bécquer es sin lugar a dudas uno de mis poetas favoritos. Post-romántico con elementos del Romanticismo y ya precursor del Modernismo, su poesía se caracteriza por ser capaz de conmovernos profundamente a través de su sencillez e ingenuidad. Yo leí las “Rimas y Leyendas” con catorce años y es un libro que recomiendo encarecidamente a cualquier adolescente enamorado, pues además de identificarse con el texto, estos poemas constituyen una puerta de entrada definitiva al deleite de la poesía para los jóvenes lectores. Disfrutad:
“Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y, otra vez, con el ala a sus cristales
jugando llamarán;
pero aquéllas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha al contemplar,
aquéllas que aprendieron nuestros nombres…
ésas… ¡no volverán!
Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde, aun más hermosas,
sus flores se abrirán;
pero aquéllas, cuajadas de rocío,
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer, como lágrimas del día…
ésas… ¡no volverán!
Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón, de su profundo sueño
tal vez despertará;
pero mudo y absorto y de rodillas,
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido…, desengáñate:
¡así no te querrán!”
“Sí de nuestros agravios en un libro
se escribiese la historia
y se borrase en nuestras almas cuanto
se borrase en sus hojas…
¡Te quiero tanto aún! Dejó en mi pecho
tu amor huellas tan hondas,
que sólo con que tú borrases una,
¡las borraba yo todas!”
“Tú eras el huracán y yo la alta
torre que desafía su poder:
¡tenías que estrellarte o que abatirme!…
¡No pudo ser!
Tú eras el océano y yo la enhiesta
roca que firme aguarda su vaivén:
¡tenías que romperte o que arrancarme!…
¡No pudo ser!
Hermosa tú, yo altivo: acostumbrados
uno a arrollar, el otro a no ceder;
la senda estrecha, inevitable el choque…
¡No pudo ser!”
“Sobre la falda tenía
el libro abierto,
en mi mejilla tocaban
sus rizos negros:
no veíamos las letras
ninguno, creo,
mas guardábamos entrambos
hondo silencio.
¿Cuánto duró? ni aun entonces
pude saberlo;
sólo sé que no se oía
más que el aliento,
que apresurado escapaba
del labio seco.
Sólo sé que nos volvimos
los dos a un tiempo
y nuestros ojos se hallaron
y sonó un beso.
Creación de Dante era el libro,
era su Infierno.
Cuando a él bajamos los ojos
yo dije trémulo:
¿Comprendes ya que un poema
cabe en un verso?
Y ella respondió encendida:
¡Ya lo comprendo!”
“Asomaba a sus ojos una lágrima
y a mi labio una frase de perdón;
habló el orgullo y se enjugó su llanto,
y la frase en mis labios expiró.
Yo voy por un camino; ella, por otro;
pero, al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún: -¿Por qué callé aquel día?
Y ella dirá: -¿Por qué no lloré yo?”
PEDRO SALINAS: EL AMOR COMO FORMA DE ENTENDER LA EXISTENCIA
Pedro Salinas es el mayor de los poetas de la Generación del 27. Algunos lo han llamado el poeta del amor de su generación por ser este un elemento fundamental en su obra. Lo interesante de Salinas es que para él el amor forma unidad íntima con la existencia, no se puede respirar sin amar, la experiencia vital y la amorosa se confunden. Leer la poesía de amorosa de Salinas es leer un canto a la vida en el que la existencia y la filosofía confluyen para dejar en nosotros una nota de ternura, esperanza y cotidianeidad visionaria.
“¿Serás, amor,
un largo adiós que no se acaba?
Vivir, desde el principio, es separarse.
En el mismo encuentro
con la luz, con los labios,
el corazón percibe la congoja
de tener que estar ciego y solo un día.
Amor es el retraso milagroso
de su término mismo:
es prolongar el hecho mágico
de que uno y uno sean dos, en contra
de la primer condena de la vida.
Con los besos,
con la pena y el pecho se conquistan
en afanosas lides, entre gozos
parecidos a juegos,
días, tierras, espacios fabulosos,
a la gran disyunción que está esperando,
hermana de la muerte o muerte misma.
Cada beso perfecto aparta el tiempo,
le echa hacia atrás, ensancha el mundo breve
donde puede besarse todavía.
Ni en el llegar, ni en el hallazgo
tiene el amor su cima:
es en la resistencia a separarse
en donde se le siente,
desnudo, altísimo, temblando.
Y la separación no es el momento
cuando brazos, o voces,
se despiden con señas materiales.
Es de antes, de después.
Si se estrechan las manos, si se abraza,
nunca es para apartarse,
es porque el alma ciegamente siente
que la forma posible de estar juntos
es una despedida larga, clara.
Y que lo más seguro es el adiós.”
“Para vivir no quiero
islas, palacios, torres.
¡Qué alegría más alta:
vivir en los pronombres!
Quítate ya los trajes,
las señas, los retratos;
yo no te quiero así,
disfrazada de otra,
hija siempre de algo.
Te quiero pura, libre,
irreductible: tú.
Sé que cuando te llame
entre todas las gentes
del mundo,
sólo tú serás tú.
Y cuando me preguntes
quién es el que te llama,
el que te quiere suya,
enterraré los nombres,
los rótulos, la historia.
Iré rompiendo todo
lo que encima me echaron
desde antes de nacer.
Y vuelto ya al anónimo
eterno del desnudo,
de la piedra, del mundo,
te diré:
“Yo te quiero, soy yo.”
LUIS CERNUDA: EL AMOR PROHIBIDO U HOMOSEXUAL
La obra de Luis Cernuda, perteneciente también a los poetas vanguardistas de la Generación del 27, está surcada por el tema de la lucha entre la realidad y el deseo, de hecho uno de sus libros de poemas lleva este mismo título: “La realidad y el deseo”. La realidad, el mundo en el que el hombre vive cada día, entra en conflicto con sus más altos anhelos y deseos, entre ellos el amoroso. El poeta experimenta y reprime sus experiencias amorosas porque no tienen cabida en el mundo que lo rodea. Esta sensación se ve exacerbada en cuanto que el poeta es además homosexual, otra causa que separa dentro de sí sus íntimos deseos de lo que la realidad acepta como válido. Para mí es uno de los más intensos poetas del amor.
“SI EL HOMBRE PUDIERA DECIR
Si el hombre pudiera decir lo que ama,
Si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
Como una nube en la luz;
Si como los muros se derrumban,
Para saludar a la verdad erguida en medio,
Pudiera derrumbar su cuerpo, dejando sólo la verdad de su amor,
La verdad de sí mismo,
Que no se llama gloria, fortuna o ambición,
Sino amor o deseo,
Yo sería aquél que imaginaba;
Aquél que con su lengua, sus ojos y sus manos
Proclama ante los hombres la verdad ignorada,
La verdad de su amor verdadero.
Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
Cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío,
Alguien por quien me olvido de la existencia mezquina,
Por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
Y mi cuerpo y mi espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
Como leños perdidos que el mar anega o levanta
Libremente, con la libertad el amor,
La única libertad que me exalta,
La única libertad por la que muero.
Tú justificas mi existencia:
Si no te conozco, no he vivido;
Si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido”


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