Muerte a Crédito
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Cuando se piensa en Francia, y en especial en París, acuden a la mente muchas cosas, no? y me sospecho que son cosas buenas; lo bello que le muestran a uno, la Francia idílica del glamour y la mundanidad. Después de haber leído Muerte a Crédito de Luis-Ferdinan Céline, esas imágenes fueron desplazadas y comencé realmente a entender a Francia. Le es revelado en ese libro a los lectores la lógica de la dinámica francesa, y esa es una lección que nunca se olvida: Francia es otra.
Céline (Courbevoie , Francia, 1894 - Meudon, Francia, 1961) no se llama realmente así, es ese nombre más un desconocimiento a su familia, de apellido Destouches, que un pseudónimo literario. Así se llamaba su abuela, Céline, el único ser en el mundo que le dio cariño y amor en la locura de la efervescente pobreza parisina y en el seno de una familia de malditos y crueles. Pero no todo es tristeza con Céline, todo lo contrario, es por lejos el autor más hilarante que jamás haya leído. Su prosa es sátira pura, ráfagas de mordacidad en metrallas, cada párrafo es una arenga que explota en su última oración con una sentencia cruda, lúcida e hilarante.
Los contenidos de los libros de Céline son los de su vida. Zarandeado de pequeño en su casa, enviado a estudiar fuera, aprendiz de un loco inventor, de soldado en la guerra, de estudiante de medicina, perdido en África, Cuba, Estados Unidos, Suiza, Canada. La lectura de los libros de Céline deja la bella sensación de confort que resulta de la ridiculización del mundo. Te pueden robar, te pueden dejar en la calle, te pueden despedir, te pueden criticar, te pueden enlistar en mil guerras, de seguro te van a pegar algún cachamal por ahí, y hasta escupitajos te caerán, pero la verdad es que en esta bribonada de mundo que vivimos, qué importancia tiene? Cómo empezar a entender las extrañas ambiciones de los juiciosos, la agresividad de los trepadores, la ceguera de los seguros? Pues no empezamos, miramos y nos reímos, abandonamos toda esperanza en lo que atañe a esta raza loca, y nos dejamos caer con suavidad donde sea, caemos parados: en una dulce playa, en una trinchera, quebrados en el hospital, comiendo garbanzos a destajo y tomando vino, o acarreando costales todo el día.
Así como su obra famosa Viaje al Fin de la Noche habla de sus aventuras por el mundo, Muerte a Crédito habla de su infancia en Fracia, principalmente en París. Y, además de contener todo el humor y la lucidez que uno ama en Céline, vaya si explica a su patria. Me ha hecho sentido, me ha mostrado Francia conectando dos submundos que le conocía: vanguardia, amplias avenidas, aires imperiales, elegancia, agentes comerciales, juerga, zapaterías sucias, gente hacinada, pasajes con olor a orines, fumadores tenaces, viejas sin dientes, personas testarudas como rocas, lo bruto y lo obtuso de una masa que reclama, que arma y desarma casas y negocios, locos verborreicos llenos de certezas, la moralina y la comidilla gala.
Lea a Céline, no se arrepentirá. Muy por el contrario, lo agradecerá. Si quiere aventuras por el mundo, lea Viaje al Fin de la Noche; si quiere un vistazo a Francia, lea Muerte a Crédito. Seix Barral las edita (o editaba, hace bastante que no las veo en librerías) en español neutro. Debolsillo las edita en versión ultra españolizada, molesta al principio, pero la verdad es que tiene su encanto y suma a la broma. Con esas ediciones aprendí yo palabrotas como: chola, lefa, me cago en la leche, chucháis, guarra.
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