Los salvajes
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El Corazón de las Tinieblas de Joseph Conrad es una novela que no me gustaría introducir hoy, así es que lo que quiero mostrarles más podría ser una despedida, como lo fue para mí. Qué pasa con Joseph Conrad que se me escapa. Sí hay muchas cosas que decir, pero no hay por donde empezar ni por donde terminar. A veces cuando pienso en autores e historias me digo que Conrad es la fuerza más grande con la que me he topado, pero justamente el otro día le hablaba a alguien de Lord Jim sin poder hacerle justicia realmente a lo que esa novela y las demás me dieron. El Corazón de las Tinieblas es de las poquísimas novelas que he leído varias veces, y ahora ya pasado todo eso retengo en mi mente sobre todo un pasaje que es el que he encontrado resumidamente en el video que les mostraré. Es por eso que esto es un cierre y no una apertura.
La historia de El Corazón de las Tinieblas es la de su narrador, camino al centro de una zona difícil de penetrar en donde se corre el riesgo de perder todo lo que uno era anteriormente, pero donde también se encuentra algo que es por naturaleza muy propio. Esta zona es el lugar donde se pone en evidencia la extraña separación entre el estado actual de las cosas y su origen, la que llega al punto de transformarlo en ajeno. El lugar metáfora es la jungla, y esta zona desconocida está habitada también por seres desconocidos que son el escenario de este terreno de tiniebla; están hechos de la misma materia, tiniebla.
Antes de comenzar el narrador, Marlow, su relato sobre la travesía al centro de la selva en busca del perdido Kurtz, hace un ejercicio de abstracción con una bella escena. El ejercicio mismo no requiere de un detective para descifrarse, pero la belleza de la escena propuesta unida al conocimiento previo de la profundidad a la que descenderá Marlow crea una imagen poderosa. Quizás no sea la más significativa, ni la más decidora (quizás sí lo sea), pero es el fragmento que mi memoria más me presta durante los días nublados.
Propone Marlow, sentado en la cubierta de un barco en la delta del Támesis, antes de comenzar su relato sobre el viaje al corazón de la selva del Congo, que imaginemos por un segundo el momento en el que el primer hombre civilizado remontó ese río hacia el corazón de lo que ahora es Inglaterra. Los sentimientos, hace dos mil años, de un capitán romano en uno de sus navíos. Un hombre culto y civilizado, dueño del mundo, lejos de su tierra y de sus legiones, penetrando en el barro del Támesis. El río lodoso y quieto; amplio. La neblina de aquella mañana, haciendo apenas visibles las orillas a cada lado; todo blanco. Nos dice que imaginemos el frío de ese momento, y lo inimaginable de lo que puede extenderse más allá de los vapores que cubren las tierras a lado y lado. La primera aparición de los seres de esas tinieblas, siluetas curiosas y blancas paradas en fila en la orilla. Desnudos, pintados; hombres, mujeres y niños parados en el barro frío de la orilla mirando la nave que ingresa. Ingleses. Lo que ve el capitán romano y lo que no ve más allá de la cortina de niebla, tierra adentro; sus casas, su lengua bárbara, sus ideas desconocidas, indígenas.
El video que les muestro es una obra extrañísima. Comienza con un noticiario, luego con frases del libro en inglés mientras se muestras escenas sacadas de reportajes y luego comienza ya con una representación (también muy extraña) de una versión resumida de El Corazón de las Tinieblas. En esta versión resumida se comienza, así como en la novela, con Marlow hablando en la cubierta de un barco esperando salir del Támesis. Recuerda primero Marlow, antes de hablarnos de su viaje al Congo, aquel primer viaje al interior de Inglaterra.
Tags: Libros, País:Inglaterra, VideosArtículos Relacionados:
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