La lógica quebrada de Leopoldo María Panero
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He oído varias veces de Leopoldo María Panero que es el único escritor maldito de la literatura española. ¿Será cierto? No lo sé, pero es harto decir y se ha dicho muchas veces. Es madrileño, nació en 1948, se le asocia a la generación de los Novísimos y es el primero de ellos en ser publicado en los clásicos de la Editorial Cátedra. Probado en alcohol y drogas, graduado de filosofía y letras, clochard del metro de París y perpetuo interno de la red de manicomios españoles.
Cuando leí por primera vez un libro suyo, de cuentos, quedé desarmado. Qué extraños eran, qué torcido mecanismo construía las historias frente a mí, jamás había conocido esa naturaleza; los hechos se sucedían encaramándose con consistencia en direcciones azarosas en un mundo que se poblaba en un detalle, o donde el final revelaba retrospectivamente la lógica quebrada que me había llevado por el cuento. Más allá de la sorpresa, que luego me fue explicada por la distancia que separa a otros autores de Panero (mendacidad y manicomios principalmente), el tiempo me ha demostrado que en varios de sus cuentos hay genialidad pura. Siempre me acuerdo, aun después de años de leídos, de dos cuentos suyos. En mi favorito un joven obsesionado con los microscopios mata y roba un diamante para poder alcanzar un aumento jamás logrado, pero se le revela en este nuevo micromundo un castigo triste y un destino melancólico. En el segundo de los tan recordados otro joven viaja a la selva amazónica para enterrar a su desconocido padre, un antropólogo muerto en una misteriosa busca; conoce su hijo a su extraña y juvenil amante con la que inicia un tímido e inocente coqueteo que lo lleva finalmente a lanzarse en lo más monstruoso de la selva, del deseo y de la perdición.
Leí alguna vez que Leopoldo María Panero vivía actualmente en un cuchitril de Madrid junto a una amiga argentina de veinte años. Leí que los locos más perdidos de la capital se le acercan para pedirle consejos sobre asesinatos a cometer, sobre los beneficios de las telas de araña y para pedir autógrafos. A todas estas peticiones Leopoldo responde con crudas invectivas sin incorporarse de su colchón y sin soltar su cigarro, cuyas cenizas lo cubren entero como a una momia.
Tiene una obra poética nutridísima, me dicen que Heroína y otros poemas es un libro-estocada; yo por mi parte recomiendo los Cuentos Completos, y ahí Editorial Páginas de Espuma tiene la estrella.
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