La Guerra de los Laberintos

Cuenta el Mahabharata, epopeya Hindú que es la mitad del universo, la historia de una lucha familiar eterna que se perdió en un laberinto insalvable en una guerra de laberintos.
Entre los Kaurava, descendientes del antiguo rey Kuru del triángulo de Thaneshwar, el clan de los hermanos Pandava, hijos de Pandú de la sangre del rey, fue exiliado por 13 años en un juego de dados cargados. A su retorno fue Duryodhana, el más viejo de los antiguos Kaurava quien les negó la restauración de sus tronos y los empujó a la guerra. La guerra de Kurukshetra, la guerra entre los Kaurava y el clan Pandava de los Kaurava.
De toda la India las familias reales se unieron a un bando u otro. Yudhisthira el más viejo de los Pandava invocó, y siete ejércitos respondieron desde el mar y la montaña. Los siete comandantes de los siete ejércitos eligieron a Dhristadyumna para que los guiara por entre las formaciones de los Kaurava. Trece ejércitos caminaron junto a los ríos de India para llegar junto a Duryodhana de los Kaurava, quien pidió al joven Bishma que guiara el ataque contra los Pandava. Este aceptó, con la condición de que, aun cuando se peleara fieramente y con sinceridad, no se hiriera a los hermanos herederos de Pandú.
Por santo se eligió el Kurukshetra, el campo de los Kurus, como sitio de la lid, pensando que su santidad borraría cualquier atrocidad que debiesen cometer.
Los Kaurava formaron a sus ejércitos en laberintos, de los que se decía que sólo podían ser rotos por quien supiera guiar un ejército hasta su interior y luego a salvo su salida. Distintas combinaciones intentó el ejército Kaurava sin éxito; corrían las legiones Pandava guiadas con inteligencia hasta el centro del laberinto de soldados y salían incólumes.
Intentó un comandate Kaurava llamado Dronacharya un último laberinto que había confiado únicamente a una mujer, y esperaba que por desconocido nadie pudiera resolverlo. Formaron los Kaurava el loto floreciente que Dronacharya les dibujó, y tanta suerte tuvieron los Pandava que uno de ellos, Abhimanyo, lo reconoció, pues era su madre la única mujer a quien Dronacharya había confiado el perfecto diseño. Buscó Abhimanyo en su memoria hasta el vientre de su madre, cuando oía por ésta lo que Dronacharya a ella le contaba; pero tan dulce era la figura del loto descrito esa noche, que la mujer sólo alcanzó a oír la forma de entrar en él, y se durmió sin saber como salir. Y fue en ese lejano recuerdo de su estadía en el vientre de su madre que supo Abhimayano que podía guiar al ejercito Pandava hasta el centro del laberinto de soldados, pero que nadie podría sacarlos. Todos, menos los cinco herederos de Pandú, cederían bajo la santidad del campo elegido para dibujar los laberintos. Y fue en ese recuerdo del vientre de su madre, que supo que en ese campo moriría.
Abhimayano guiando a los Pandava al centro del laberinto sin conocer su salida.
Tags: Libros, País:India

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