Kafka de zoólogo - El buitre

Existe en la obra de Kafka una serie de cuentos cortos que tratan sobre animales; a veces de forma central y otras de manera más tangencial. Es extraño ver animales en el mundo de Kafka. En la intensa irrealidad del universo Kafkiano un buda llevado en andas, portales que guardan la muerte e inmensas máquinas perversas son naturales y, de alguna manera invertida, los animales son apariciones extrañas. Son salidas de ese universo. La fantasía de Kafka no es tan fántástica dentro del universo Kafkiano, no?. Pues sus animales sí lo son. Topos, chacales y buitres. Existe una recopilación muy acertada editada en varias editoriales que se llama “La metamorfosis y otros relatos de animales”. Editorial Rústica tiene una edición muy agradable. Existe también una con los cuentos traducidos por Borges, no he podido dar con ella en internet, pero tengo en la cabeza a Alfaguara. Les dejo de regalo un cuento que desde pequeño me produjo una honda impresión: “El buitre”.
EL BUITRE
Érase un buitre que me picoteaba los pies. Ya había desgarrado los zapatos y las medias y ahora me picoteaba los pies. Siempre tiraba un picotazo, volaba en círculos inquietos alrededor y luego proseguía la obra.
Pasó un señor, nos miró un rato y me preguntó por qué toleraba yo al buitre.
-Estoy indefenso -le dije- vino y empezó a picotearme, yo lo quise espantar y hasta pensé torcerle el pescuezo, pero estos animales son muy fuertes y quería saltarme a la cara. Preferí sacrificar los pies: ahora están casi hechos pedazos.
-No se deje atormentar -dijo el señor-, un tiro y el buitre se acabó.
-¿Le parece? -pregunté- ¿quiere encargarse del asunto?
-Encantado -dijo el señor- ; no tengo más que ir a casa a buscar el fusil, ¿Puede usted esperar media hora más?
- No sé -le respondí, y por un instante me quedé rígido de dolor; después añadí -: por favor, pruebe de todos modos.
-Bueno- dijo el señor- , voy a apurarme.
El buitre había escuchado tranquilamente nuestro diálogo y había dejado errar la mirada entre el señor y yo. Ahora vi que había comprendido todo: voló un poco, retrocedió para lograr el ímpetu necesario y como un atleta que arroja la jabalina encajó el pico en mi boca, profundamente. Al caer de espaldas sentí como una liberación; que en mi sangre, que colmaba todas las profundidades y que inundaba todas las riberas, el buitre irreparablemente se ahogaba.


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