Bajo un cielo protector
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Mis referencias y comparaciones tienden a provenir de tiempos antiguos en mi vida; alguien me ha recordado más de una vez con espíritu de broma una frase que suelo utilizar: “cuando era pequeño”. Esta vez es la fuente misma la que de tan lejos proviene, lo que me obligará a su vez a utilizar referencias más actuales. Hoy, viendo una película, me he acordado con mucho encanto de un libro que leí “de pequeño”: El Cielo Protector (qué bello nombre), del americano expatriado y viajero Paul Bowles. El título original del libro es The Sheltering Sky, pero la feliz traducción nos ha dejado la palabra protector. En inglés la palabra shelter sugiere un lugar de refugio, y por extensión una protección; en cambio, en su versión traducida, la aparición de la palabra protector le confiere al cielo una propiedad divina y espiritual que transforma al título completo en una promesa de ideas elevadas.
Paul Bowles es norteamericano, nació en Nueva York el año 1910 (para morir en 1999), pero tan violento y maniático era el carácter de su vida vida familiar (por ahí leí que su padre, dentista, lo obligaba a masticar cada bocado 40 veces), que tras la lanzarle un cuchillo a su madre durante una pelea decidió que lo mejor sería marcharse de casa. Abandonó sus estudios de música y se fue con un ticket de ida sin vuelta en barco a Francia. Desde ese punto se mantuvo viajando, hasta su establecimiento definitivo en Tánger, Marruecos. La novela El Cielo Protector y lo que me gusta de ella tiene mucho que ver con como ama Bowles a Marruecos y África.
En El Cielo Protector, publicada por primera vez en 1949 en Inglaterra, se lee la historia de una pareja de snobs neoyorkinos que viajan a Marruecos. Esta pareja lleva un mal matrimonio, y su manía por viajar tiene más que ver con matar el tiempo y el hastío que con otra cosa. Como ya lo presiente Ud., la fuerza de África termina siendo demasiada para una configuración tan enclenque, y quizás, como me ocurrió a mí, para un lector desprevenido e ignorante de lo que ocurre en el Sahara. Cada uno por separado, Port y Kit Moresby, es arrastrado al quiebre, primero por la vía del placer y luego en agonía. Se escapa Port una noche a disfrutar de la vida marroquí, y termina en un campamento de toldos en la mitad del desierto a orillas de una carretera, tomando té con mujeres en algo que resulta inentendible. Es un prostíbulo? Es una familia de nómades? Ha bebido, fumado, o pagado por algo? Qué ha hecho? Ha tenido un bello romance o más bien ha sido violado? Encima de todo el cielo que nunca desaparece, estrellado y limpio, el viento refrescante y mucha arena. Igualmente ocurre con Kit, perdida sin saberlo, en la ciudad, seducida por mil oportunidades que le abre el desconocimiento. Entre tanta apertura, tanta oportunidad y placer, y no queriendo renunciar a su espíritu “viajero” del que tan orgullosos están, siguen avanzando por el Norte de África. Pero África no es complaciente y los devora, les quita la salud y los obliga vagar enfermos y afiebrados, cuidando el uno del otro, odiándose, refugiándose en pueblos bárbaros, penando en carreteras y pasando tristes periodos en prisiones coloniales.
No le contaré como termina el libro porque francamente no lo recuerdo, sólo queda en mi memoria lo que le prometo: viajes nauseabundos con 40 grados de fiebre en buses por el desierto, la desesperación de estar a merced de personajes inentendibles, autoridades de la África colonial, el delicioso aire marroquí, la fantasmal presencia de los árabes, cabezas verdes y manos azules, que ven pasar su miseria inmutables, el silencio del desierto, bonitas prisiones de paredes de arena y sobre todo, aun por sobre la advertencia, el cielo protector. Si gusta, vea también la película que le hizo Bernardo Bertolucci al libro el año 90. El libro mismo es muy editado, lo tiene Alfaguara, Austral (de editorial Planeta), Seix Barral, Punto de Lectura, y con alguna frecuencia lo veo en editoriales antiguas en ferios de libros usados.
Tags: Libros, País:Marruecos

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